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martes, 21 de septiembre de 2010

La historia de Peláez: capítulo I

Al acabar la Universidad, Juan Peláez, con sus veinticinco años recién cumplidos, y su título de Económicas en el bolsillo, trató de incorporarse al mercado laboral. No le fue fácil, como a cualquier joven de su edad, aunque también se encontró con una mezcla de traición y desengaño.

Sus profesores de la Facultad le habían contado que siendo economista acabaría de 'broker' en Wall Street, pero la realidad era que lo único que le ofrecían eran trabajos, a su juicio, de segunda división, como contable o administrativo.

- ¡Yo valgo mucho más! - mascullaba al salir de cada nueva entrevista.

Con el tiempo, resignado y presionado por su familia, acabó aceptando un trabajo de administrativo laboral en una consultora de cierto prestigio, la Performance Inc. No pagaban mucho, a decir verdad, pero tenía proyección de futuro.

- ¡Cotiza en bolsa! - comentaba, orgulloso, Peláez a sus amigos, entre copa y copa.

Debido a su privilegiado y recién adquirido puesto, Peláez tenía acceso a las cantidades que todos los empleados percibían. No en vano era él el que calculaba las nóminas. Le llamaba particularmente la atención un extraño grupo de ellos, cuyas cantidades oscilaban mes a mes, con el trabajo extra que eso suponía.

- Peláez, toma el listado de variables, y págale a los comerciales - le gritaba el gerente, el Sr. Mateo.

Los comerciales. ¡Qué extraño grupo! Peláez apenas trataba con ellos, salvo cuando llegaba fin de mes.

- Juanito, ¿cuándo cobramos? - le espetaba uno socarronamente.

- ¡Qué pasa, Juan! ¿Qué hay de lo mío? - decía otro mientras soltaba una mirada descarada al escote de Begoña, la becaria.

El resto del tiempo, los comerciales apenas pasaban por la oficina, y lo único que se sabía de ellos era que estaban en no sé dónde, almorzando o comiendo con no sé quién, que era un cliente muy importante. Además, las chicas de la oficina estaban enamoradísimas de ellos: esos trajes, el pelo engominado, siempre tenían para ellas un chascarrillo, o una palabra bonita.

Conforme pasaban los meses, Peláez se iba interesando más y más en los comerciales. Incluso se hizo muy amigo de uno de ellos, un tal Moncho, que tenía un cochazo y que se rumoreaba que tenía un affaire con la Directora de Marketing.

Moncho era, en realidad, un fanfarrón de unos cuarenta años, con más suerte que estilo, pero obnubilaba a Peláez con batallitas sobre cómo firmó aquella operación en una servilleta o aquella otra en un bar de carretera, borracho, a las seis de la mañana.

 

Poco a poco, los acontecimientos se sucedían en la cabeza de Peláez. Coches caros, ingresos altos, éxito con las mujeres. Aquello tenía su punto. 

Finalmente, una mañana, entró decidido en el despacho del señor Mateo, y le dijo:

- Don Anselmo, me gustaría ser comercial.

<< continuará >>

8 comentarios:

  1. Qué romántica la historia, escotes de Begoña, bares con neones, y así =D
    Es muy probable que Juanito quiera mantener la premisa de "comerse el mundo" y considere dejar de lado su proyección profesional por la del deslumbramiento económico (aparente)... comercial de una empresa de¿? Sí, multinacional que cotiza en bolsa, pero el niño éste (un poco cazurro hay que decirlo, ya que de su primera carrera salía a los 25 sin experiencia) sólo conoce los movimientos bancarios, flujos de libros mayores y comisiones por ventas; No hay coaching? tiene acceso directo a Gerencia?... sí que va a ser el primero de muuuchos capítulos parece =D

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  2. Como mola, gratis y por entregas.
    ¿para cuando la segunda parte?, mejor director que comercial, se curra menos.
    animo y a cuidarse para termianr la historia

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  3. Muchas gracias, Cuco.

    Sólo informarte que Begoña ya nos ha enviado su currículum vitae para que te lo hagamos llegar. Está muy interesada en conocerte, personalmente.

    Saludos.

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  4. Gracias por tu comentario, Anónimo.

    Para llegar a director comercial, mejor que vaya pasito a pasito. Jajaja.

    La segunda parte ya la tienes hoy.

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  5. Javier, veo que te lanzas a las historias por entregas. De mi experiencia con Eutropio Poyatos te diré que generar una historia con continuidad requiere de mucho sacrificio, sobre todo si no tienes tiempo y además escribes sobre otras cosas. Yo estoy pendiente de escribir la tercera entrega, que por cierto, hay parte de público que me anda reclamando.
    Seguro que estás lleno de ganas y de inmiscuirnos en la vida del economista que anda descubriendo mundo. Mucho ánimo y muchos capítulos más.

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  6. Jajajaja, como relato entre la realidad y la ficción (tal vez demasiado cerca de la realidad), no está mal la primera entrega. Pero cuando Juanito se encuentre perdido en un puesto de comercial que no se partece ni vagamente al que le han descrito, dale mi dirección y que me pida consejo XDDDD

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  7. Lo haré, @dabecas, lo haré. Jajaja.

    La experiencia siempre es un grado. Y a Juanito le falta mucha.

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  8. Gracias por tu apoyo, Perfecto Idiota.

    En cualquier caso, Peláez tiene principio y fin. De momento, cargo en él los temas que carecen de doctrina o pueden caer en el campo de lo meramente opinable. Por ejemplo, en el capítulo I muestro que el comercial es un puesto con mucha apariencia, pero luego es un trabajo, como otro cualquiera, con mucha presión y riesgo.

    Es un orgullo que me leas de vez en cuando.

    Gracias.

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